He intentado sacarte de mi cuerpo durante estas dos últimas semanas. He intentado reinventar nuestra historia escrita en otros rostros parecidos al tuyo. Pero no ha servido de nada. Hoy me he mirado al espejo y te he visto en mi reflejo mudándote en lágrimas saladas.
Te fuiste con la certeza de no sentir nada, y yo me fui con la certeza de que tu corazón no lucharía por la distancia.
Me desnudé por completo, analicé todo mi cuerpo, pero no lograba encontrar en qué parte de él estabas tú; creí que ya no formabas parte de mi piel. Pero, al verte de nuevo, mi alma me ha gritado, con la voz de tu recuerdo, que sigues siendo lo que siempre has sido durante todo este tiempo: mi cuerpo completo, mi parte incompleta.
Hoy... somos dos desconocidas. Lo que ayer era una mirada, hoy sólo es un suspiro. Te lloro para que a ti también te duela mi dolor. Te pienso más cuando estás aquí, que cuando te has ido. Sin embargo, no logro verte en el oscuro crepúsculo de la tarde, aquel que hace algún tiempo quizás me prometió algún suspiro de amor en un futuro maravilloso. Aquel futuro que hoy, convertido en presente, no es más que una tormenta que describe nuestra historia.
Seas quien seas me has enamorado
ResponderEliminar